martes, 9 de junio de 2009

El Barroco


Surgió en Italia a finales del siglo XVI, y se desarrolló durante todo el siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII. Se trata de una arte que, ideológicamente, por una parte representaba el poder de los monarcas absolutos, y por otra, encarnaba la respuesta de la Iglesia católica frente a la Reforma protestante. Desde el punto de vista formal, trataba de "impresionar" y "envolver" al espectador.

Arquitectura

Se empeaban plantas octogonales, elípticas, de cruz griega y de cruz latina. Los entablamentos y muros se curvan, los frontones se parten y describen curvas y contracurvas. Aparecieron nuevos soportes, como la columa salomónica (fuste retorcido) y los elementos decorativos se desarrollaron de forma extraordinaria.
Entre los principales arquetectos destacaron Carlo Maderna (fachada de la basílica de San Pedro, en el Vaticano), Gian Lorenzo Bernini (plaza de San Pedro, en el Vaticano), Francesco Borromini (iglesia de San Carlos de las Cuatro Fuentes, en Roma), y Jules Hardouide Mansart (palacio de Versalles, cerca de París).

Escultura


Además del tema religioso, se cultivaron los temas mitológicos, alegóricos y ecuestres; los principales materiales eran el mármol, el alabastro y el bronce; las obras mostraban un afán de movimiento y los personajes realizaban gestos exaltados. Se esculpieron tanto relieves como esculturas de bulto redondo. El escultor más destacado fue Gian Lorenzo Bernini (Apolo y Dafne, David).

Pintura


Se caracterizaba por las composiciones en diagonal, el contraste de luces y sombras (claroscuro), un naturalismo extremo, el predominio de la mancha de color sobre el dibujo y el uso de la perspectiva aérea. Entre los temas principales se encuentran los bodegones (naturalezas muertas), los retratos colectivos, las escenas costumbristas, los temas religiosos y mitológicos. Fueron pintores sobresalientes Caravaggio (La muerte de la Virgen), Rembrandt (La ronda de noche), Vermeer de Delft (Joven con perla) y Rubens (Las tres gracias).

Edgar Allan Poe


Biografía

Nació en Boston el 19 de enero de 1809. Sus padres, actores de teatro itinerantes, murieron siendo él niño, y fue criado por John Allan, un hombre de negocios rico de Richmond (Virginia).
En 1827, en Boston, publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas.
En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraf.
Al año siguiente de publicar su tercer libro, Poemas (1831), se trasladó a Baltimore, donde vivió con su tía y una sobrina de 11 años, Virginia Clemm. En 1832, su cuento 'Manuscrito encontrado en una botella' ganó un concurso patrocinado por el Baltimore Saturday Visitor. De 1835 a 1837 fue redactor de Southern Baltimore Messenger. En 1836 se casó con su joven sobrina y durante la década siguiente, gran parte de la cual fue desgraciada a causa de la larga enfermedad de Virginia, Poe trabajó como redactor para varias revistas en Filadelfia y Nueva York. En 1847 falleció su mujer y él mismo cayó enfermo; su desastrosa adicción al alcohol y las drogas, contribuyeron a su temprana muerte en Baltimore, el 7 de octubre de 1849.
El tío de Poe declaró a su muerte: "Había conocido tanto dolor y tenía tan pocos motivos para sentirse satisfecho con la vida que este cambio apenas puede considerarse una desgracia".



Obra

Entre sus obras destacan:

  • El gato negro.
  • Los crímenes de la rue Morgue.
  • Los hechos en el caso del señor Valdemar.
  • La caída de la casa Usher.
  • Aventuras de Gordon Pynn.
  • El corazón delator.
  • Entierro prematuro.
  • El Cuervo.

Uno de nuestros favoritos es el de El Cuervo. Aquí lo tenéis, esperamos que os guste.


El Cuervo


Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!


domingo, 7 de junio de 2009

La gran ola Hokusai. 1823-1829


  • Barcos: Los barcos frente a la inmensidad del tsunami, la gran ola, que azota con frenesí sus barcas.
  • Fuji: El monte Fuji es uno de los iconos de los grabados japoneses y de todo su mundo en general. Aquí se erige majestuoso, en contraste con la inmensidad de la ola en primer término.
  • Perspectiva: En esta imagen se ve la maestría del autor, que llegó después a conocer grabados holandeses de los que aprendería el claroscuro y la perspectiva.
  • Cielo: El cielo amenaza con tormenta, dando una imagen más agobiante si cabe de la escena.
  • Firma: Esta xilografía pertenece a la serie de las Treinta y seis vistas sobre el monte Fuji. Estos grabados a su vez pertenecen al Ukiyo-e, del periodo Edo.
  • La gran ola: Brucamente azota los barcos y la cosa de Kanagawa esta ola de tamaño desproporcionado, que se ha convertido en un símbolo de Japón.
  • Influencia: Hokusai se convirtió en un genio para Occidente. El japonismo, corriente que se dio en el siglo XIX en Occidente, surgió curiosamente de los papeles que servían para envolver los paquetes que se comerciaban. Así, imágenes como ésta pudieron llegar hasta nosotros y ser el referente que son en nuestros días.

Guerreros de Xian, H. 246 a.C.


  • Encargante: Emperador Qin Shi Huangdi, para su tumba
  • Ubicación: Original en el monte Li, en la tumba del emperador.

  • Estilo artístico: Arte funerario chino

  • Técnica: Terracota

  • Dimensiones: Entre 45-78 cm.
  • Estado de conservación: Muy bueno, aunque actualmente hay problemas porque se están empezando a deteriorar (normal, después de estar años encerrados bajo tierra exponerlos al oxígeno de la atmósfera produce oxidación, erosión…)

Detalles de la obra


  • Tumba: Estas esculturas se realizaron para la tumba del primer emperador Qin Shi Huangdi. Eran unas 7.000 esculturas que se encontraban en un túmulo artificial, a modo de montaña, que los historiadores dicen que tenía una cubierta de bronce y que estaba decorada la tumba por ríos de mercurio con movimiento mecánico. Incluso se habla de que existieron trampas para que nadie accediera a la tumba y todo estaba salpicado por maquetas de grandes palacios y construcciones. Lo que el emperador quería crear para su muerte era un microcosmos, un universo a medida.
  • Tamaño: Las esculturas tienen una medida aproximada entre 65 y 78 cm y lo más sorprendente de su hallazgo, entre 1938-1979, es su fenomenal estado de conservación para su edad.
  • Ejército: Las 7.000 esculturas, aproximadamente, se disponen como un verdadero ejército, con arqueros, caballos, carros. Todos ellos ataviados con armaduras distintas, muy posiblemente hubieran llevado armas y estaban policromados con colores vivos.
  • Rostros: Sin duda, lo más impactante es que sus rosotros son siempre distintos e incluso su tez había variado de color. Representan a distintas etnicas.
  • Técnica: El proceso para realizarlas consistía en realizar primero el cuerpo con todos sus detalles, para luego unir las cabezas y las manos, que se moldeaban por separado. Además, se realizaron en terracota, de ahí que se les denomine también Los guerreros de terracota. Basicamente es barro cocido.

sábado, 6 de junio de 2009

Castillo de Himeji


  • Encargante: Akamatsu Sadanori
  • Año: 1346-1618
  • Ubicación: Monte Himeji, prefectura de Hyogo(Japón)
  • Estilo artístico: arte japonés periodo Muromachi
  • Dimensiones: 47 m. de alto la torre principal

Más información


  • Historia: Uno de los famosos castillos japoneses más conocidos es el construído en el monte de Himeji, por lo que toma su nombre de él. Sin embargo, también es conocido como el Castillo de la garza blanca, por el color sus muros. En 1346, Akamatsu Sadanori planteó por primera vez crear allí un castillo aunque posteriormente sufrió grandes modificaciones en la idea y un largo proceso de ampliación hasta llegar al actual.
  • Zonas: El castillo fue una gran ciudad llena de laberintos y calles, de los cuales vemos la gran torre central que se erigió sobre un talud, a cierta altura. Por tanto, es un castillo del tipo hirayama-jiro, sobre una colina. Había zonas delimitadas en los castillos, como la gran torre que podemos ver, que servía de vigilancia; la puerta central; los recintos secundarios donde vivía el señor del castillo con su familia.
  • Blanco: Uno de los aspectos que más llama la atención son sus muros blancos, enyesados, contrastando con la teja oscura que servía de cubierta para sus tejados.
  • Forma: La forma de su arquitectura sigue las líneas típicas de la arquitectura japonesa: verticalidad, consecución de tejados, yeso para los muros de los castilllos,...
  • Interior: Otro de los temas que más llama la atención del castillo son sus laberintos y sus jardínes, al estilo Edo. Se trata de nuevo de equilibrar la vida humana con la naturaleza.

Escriba sentado. s. XXIV a.C.


  • Ubicación: Museo del Louvre
  • Estilo artístico: Arte egipcio, dinastía V
  • Técnica: Caliza
  • Dimensiones: 53 cm. de alto

Detalles de la imagen


  • Modelo: Era bastante habitual encontrarnos con este tipo de modelos, que seguían siempre el mismo esquema de figura sentada, de frente, y ejerciendo una actividad, en este caso con un punzón de escriba.
  • Naturalismo: A partir de la V dinastía, se empieza a poner más naturalismo a las figuras, aunque siguen estando demasiado frontales e hieráticas. Para aumentar dicha naturalidad, se usaban piedras como basalto para los ojos e incluso los párpados.
  • Escriba: El escriba era un funcionario real muy loado a partir de la dinastía IV, por eso es frecuente su representación como una persona voluntariosa y afable, como este caso.
  • Ténica: Aunque la escultura derrocha naturalismo y no idealización, también vemos elementos de una técnica poco depurada, como se puede ver en el pie donde se ven sólo tres dedos y en la musculatura de los brazos.

Novena sinfonía Op 125 en Re Beethoven


  • Año: 1824
  • Historia: Esta sinfonía, la última completa del artista, es un alegato al tránsito de una forma cerrada de ver la música a otra más romántica y abierta. Esto sucede gracias a su contexto socioideológico: la Revolución Industrial, la Revolución Francesa, la Ilustración. Supone una apertura de miras en la sociedad burguesa y por eso es el momento de la ruptura que supone Beethoven con esta partitura.
  • Importancia: En el Teatro de la Corte Imperial de Viena se escuchó por primera vez esta sinfonía, que supuso un gran aplauso en el público, ya que a parte de su propia importancia sabían que era la última del autor, que sordo completamente poco después optó por retirarse.
  • Música: Se trata de una música programada para un texto literario de Schiller llamado Oda a la Alegría. Es una mezcla entre sinfónico y coral, con un ritmo trepidante.